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lunes, 8 de noviembre de 2010
jueves, 8 de abril de 2010
viernes, 31 de julio de 2009
Bienvenido y gracias Ezequiel
desde Mendoza y gracias a este medio, Ezequiel le pone poesía a mis dibujos y pinturas, me emociona, me sorprende y satisface contemplar como la pasión y el arte nos une a través de las distancias. Gracias...
Se apaga la vida
Se apaga lentamente el fuego que desbordo sus entrañas,
hoy brilla lejana la luz, colmando de bruma sus pestañas,
nubla su vida el desenfado, con un opaco y lúgubre castigo,
hacen nido en el seno de su piel, mil telarañas de sol herido,
Lleva el viento de su final, todos los recuerdos al azar,
va tiñéndose de gris el tiempo, con su pelo en cada despertar,
toma sus manos gastadas, el implacable grillete del vacío,
lleva su marcha un desgano, desdeñado en simple hastío.
Riñe su alma ya vencida, por no dejar este mundo,
llora su pena marchita, como su piel hecha arrullos,
mira con fría nostalgia, el calor de su pasado,
caen sus lánguidos brazos, como un árbol resquebrajado.
Viaja el tímido suplicio, desde sus pasos cancinos,
arrastrando la paciencia, que lo sostuvo en el camino,
vaga solo entre penumbras, aguardando aquel lucero,
Que le devuelva ese brillo, que lo mantuvo despierto.
Viven en su carne, las huellas, que el tiempo dejo a su paso,
dibuja en su rostro la vida, acuarelas con un ocre de mil trazos,
va colmando su frente de luna, la nostalgia hecha raíces,
llueven filosos cristales, sobre sus tardes ya grises.
Secos los labios de amor, marchita su boca de olvido,
bebe el amargo candor, ese que ayer fue un suspiro,
lleva los ojos al cielo, buscando la eterna piedad,
que lo remonte al refugio, donde halle un dejo de felicidad.
Riegan sus lágrimas puras, su entramado y sombrío semblante,
espera el calor de su ansiado nido, ese que hoy es tan distante,
solo entre muchas soledades, palidece junto a mi poesía,
tristes los versos que anuncian, “se va apagando la vida”
# Homenaje a todas aquellas hermosas almas, que por cosas de nuestros días, se apagan en soledad, lejos de sus seres queridos.
Ezequiel
hoy brilla lejana la luz, colmando de bruma sus pestañas,
nubla su vida el desenfado, con un opaco y lúgubre castigo,
hacen nido en el seno de su piel, mil telarañas de sol herido,
Lleva el viento de su final, todos los recuerdos al azar,
va tiñéndose de gris el tiempo, con su pelo en cada despertar,
toma sus manos gastadas, el implacable grillete del vacío,
lleva su marcha un desgano, desdeñado en simple hastío.
Riñe su alma ya vencida, por no dejar este mundo,
llora su pena marchita, como su piel hecha arrullos,
mira con fría nostalgia, el calor de su pasado,
caen sus lánguidos brazos, como un árbol resquebrajado.
Viaja el tímido suplicio, desde sus pasos cancinos,
arrastrando la paciencia, que lo sostuvo en el camino,
vaga solo entre penumbras, aguardando aquel lucero,
Que le devuelva ese brillo, que lo mantuvo despierto.
Viven en su carne, las huellas, que el tiempo dejo a su paso,
dibuja en su rostro la vida, acuarelas con un ocre de mil trazos,
va colmando su frente de luna, la nostalgia hecha raíces,
llueven filosos cristales, sobre sus tardes ya grises.
Secos los labios de amor, marchita su boca de olvido,
bebe el amargo candor, ese que ayer fue un suspiro,
lleva los ojos al cielo, buscando la eterna piedad,
que lo remonte al refugio, donde halle un dejo de felicidad.
Riegan sus lágrimas puras, su entramado y sombrío semblante,
espera el calor de su ansiado nido, ese que hoy es tan distante,
solo entre muchas soledades, palidece junto a mi poesía,
tristes los versos que anuncian, “se va apagando la vida”
# Homenaje a todas aquellas hermosas almas, que por cosas de nuestros días, se apagan en soledad, lejos de sus seres queridos.
Ezequiel
sábado, 23 de mayo de 2009
miércoles, 22 de octubre de 2008
El camino
El camino.
Muchas veces se ha usado la metáfora del camino para referirse a la vida misma. “Un camino de espinas”, para remitirnos al dolor, “un camino cuesta abajo o cuesta arriba, según las dificultades que nos toca pasar. “Tomamos caminos diferentes” cuando decidimos separarnos de alguien. “Nuestros caminos se cruzaron”, cuando nos encontramos con alguien. Y como dice la canción: caminantes no hay caminos, se hace camino al andar…
Cada uno de éstos esta trazado por las decisiones que tomamos, por los eventos que marcan huellas en nuestra humanidad. Por los accidentes o incidentes, por las alegrías, por las tragedias, por las buenas y las malas, rosas o espinas.
Pero la principal característica es que en ellos, cada uno es su principal protagonista. Cada camino es un destino. Una obra unipersonal.
Ahora bien, que sucede con aquellos cuyo destino queda reducido a sentarse a la vera del camino de los otros?
En un suspiro se escapa su aliento. Encorvadas hacia delante en su sillón. Con mínimos movimientos siguen con sus ojos grises a quien pasó a su lado. Con un silencio profundo poblado de recuerdos (tal vez).
Están ahí, solamente. No saben de celulares, (cuando para nosotros es difícil imaginarnos la vida sin ellos), ni computadoras. Muchas ni siquiera aprendieron a leer porque en “sus tiempos” no hacía tanta falta. No se explican porque hay tantas mujeres desnudas en las revistas, si antes era mal visto mostrar las rodillas.
No deciden que van a comer o como se van a vestir, ni siquiera si van a salir al jardín.
Son mujeres que por diversas razones han quedado solas, y su avanzada edad o deterioro físico les imposibilita ser autosuficientes. Por lo que en resguardo de su seguridad se optó por internarlas en un Hospital Geriátrico.
Entonces cómo aplicar correctamente la metáfora? Porque para los demás que transitamos, la vida sigue, con sus cambios, altibajos, ganancias y pérdidas, pero a ellas las vemos detenidas en un “sin tiempo” al costado del camino, apenas perceptibles, olvidables.
¿Será que el ritmo vertiginoso de los tiempos que nos tocan vivir han convertido nuestro camino en una vía rápida, donde detenerse por un instante a contemplar lo inminente del paso de los años en el semblante de una mujer, implica relegar tareas impostergables?
¿O acaso es el miedo a lo inminente lo que provoca que aceleremos nuestro camino para no detenernos a contemplar?
Muchas veces se ha usado la metáfora del camino para referirse a la vida misma. “Un camino de espinas”, para remitirnos al dolor, “un camino cuesta abajo o cuesta arriba, según las dificultades que nos toca pasar. “Tomamos caminos diferentes” cuando decidimos separarnos de alguien. “Nuestros caminos se cruzaron”, cuando nos encontramos con alguien. Y como dice la canción: caminantes no hay caminos, se hace camino al andar…
Cada uno de éstos esta trazado por las decisiones que tomamos, por los eventos que marcan huellas en nuestra humanidad. Por los accidentes o incidentes, por las alegrías, por las tragedias, por las buenas y las malas, rosas o espinas.
Pero la principal característica es que en ellos, cada uno es su principal protagonista. Cada camino es un destino. Una obra unipersonal.
Ahora bien, que sucede con aquellos cuyo destino queda reducido a sentarse a la vera del camino de los otros?
En un suspiro se escapa su aliento. Encorvadas hacia delante en su sillón. Con mínimos movimientos siguen con sus ojos grises a quien pasó a su lado. Con un silencio profundo poblado de recuerdos (tal vez).
Están ahí, solamente. No saben de celulares, (cuando para nosotros es difícil imaginarnos la vida sin ellos), ni computadoras. Muchas ni siquiera aprendieron a leer porque en “sus tiempos” no hacía tanta falta. No se explican porque hay tantas mujeres desnudas en las revistas, si antes era mal visto mostrar las rodillas.
No deciden que van a comer o como se van a vestir, ni siquiera si van a salir al jardín.
Son mujeres que por diversas razones han quedado solas, y su avanzada edad o deterioro físico les imposibilita ser autosuficientes. Por lo que en resguardo de su seguridad se optó por internarlas en un Hospital Geriátrico.
Entonces cómo aplicar correctamente la metáfora? Porque para los demás que transitamos, la vida sigue, con sus cambios, altibajos, ganancias y pérdidas, pero a ellas las vemos detenidas en un “sin tiempo” al costado del camino, apenas perceptibles, olvidables.
¿Será que el ritmo vertiginoso de los tiempos que nos tocan vivir han convertido nuestro camino en una vía rápida, donde detenerse por un instante a contemplar lo inminente del paso de los años en el semblante de una mujer, implica relegar tareas impostergables?
¿O acaso es el miedo a lo inminente lo que provoca que aceleremos nuestro camino para no detenernos a contemplar?
viernes, 3 de octubre de 2008
Ausencias

¿Qué hago con lo que veo?
He estado realizando visitas al Hospital Geriátrico y he podido apreciar imágenes conmovedoras, historias de vida, expresiones de los más variados sentimientos y con ellos he conformado un bagaje de conocimientos que me gustaría transmitir para que otras personas puedan sentirse afortunadas como yo de poder aprehender esas experiencias.
Heme aquí ante un profundo dilema: gran parte de la angustia y expresiones de tristeza y soledad que pude ver en ese lugar se debían a que esas señoras padecían ausencias, una larga espera por alguien que “en cualquier momento debe llegar”. Entonces ¿puedo yo pretender sensibilizar con mi trabajo a una sociedad que encarna esas ausencias?
Prefiero realizar mi tarea sin demasiadas pretensiones, no por que no tenga fe en los sentimientos de los demás sino por que quiero ser fiel a mis propia subjetividad y no estar sujeta al que sentirán lo otros.
Las ausencias. Bien podría ser ésta la frase que resume y condiciona los estados de ánimo de estas damas.
La ausencia de juventud: que se fue llevándose afectos, alegrías, dinamismo y dejó junto con los recuerdos, esos surcos en la piel y la expresión en la mirada de angustia ante un presente lleno de vacíos.
La ausencia de utilidad: contemplarse las manos, los dedos deformados y cruzarlas una sobre la otra para que reposen inmóviles, cuando en otro memento labraban la tierra y amasaban el pan.
La ausencia de sí mismas: convertidas en una mas, lejos quedaron los gustos personales, las preferencias, que distinguen e individualizan.
La ausencia de los otros; esos que traen noticias del mundo, de la familia y que por momentos las hacen sentir parte de su realidad. Los que vienen cuando pueden por que tienen sus ocupaciones.
La ausencia de voz, porque para quien quiere escuchar, los silencios son ensordecedores.
He estado realizando visitas al Hospital Geriátrico y he podido apreciar imágenes conmovedoras, historias de vida, expresiones de los más variados sentimientos y con ellos he conformado un bagaje de conocimientos que me gustaría transmitir para que otras personas puedan sentirse afortunadas como yo de poder aprehender esas experiencias.
Heme aquí ante un profundo dilema: gran parte de la angustia y expresiones de tristeza y soledad que pude ver en ese lugar se debían a que esas señoras padecían ausencias, una larga espera por alguien que “en cualquier momento debe llegar”. Entonces ¿puedo yo pretender sensibilizar con mi trabajo a una sociedad que encarna esas ausencias?
Prefiero realizar mi tarea sin demasiadas pretensiones, no por que no tenga fe en los sentimientos de los demás sino por que quiero ser fiel a mis propia subjetividad y no estar sujeta al que sentirán lo otros.
Las ausencias. Bien podría ser ésta la frase que resume y condiciona los estados de ánimo de estas damas.
La ausencia de juventud: que se fue llevándose afectos, alegrías, dinamismo y dejó junto con los recuerdos, esos surcos en la piel y la expresión en la mirada de angustia ante un presente lleno de vacíos.
La ausencia de utilidad: contemplarse las manos, los dedos deformados y cruzarlas una sobre la otra para que reposen inmóviles, cuando en otro memento labraban la tierra y amasaban el pan.
La ausencia de sí mismas: convertidas en una mas, lejos quedaron los gustos personales, las preferencias, que distinguen e individualizan.
La ausencia de los otros; esos que traen noticias del mundo, de la familia y que por momentos las hacen sentir parte de su realidad. Los que vienen cuando pueden por que tienen sus ocupaciones.
La ausencia de voz, porque para quien quiere escuchar, los silencios son ensordecedores.
martes, 27 de mayo de 2008
Ensayo de metafísica barata y zapatos de goma...

¿No te ha pasado que te presentan a alguien que ves por primera vez, y sentís que ya lo conocías aunque no recuerdes de donde?
¿No te ha pasado que te adelantás a las respuestas que te van a dar por que de alguna manera preveés las reacciones como si en circunstancias previas lo hubieses experimentado?
Hay mucha bibliografía, desde novelas de ciencia ficción hasta investigaciones científicas en las que se tratan temas como la regresión a vidas pasadas en las que realizan acercamientos, mas o menos creíbles, a estos temas.
Pero siempre volvemos a la disyuntiva: creer o no creer.
Esta postura, la que yo he decido adoptar, al menos hasta que decida tomar la que demuestra lo contrario, dice que somos (los humanos) seres de energía encarnados, que tal como lo explican algunas religiones somos parte de un Ser Superior. Que en un tiempo previo al nacimiento tuvimos una existencia no matérica, es decir espiritual, en la cual poseíamos sabiduría de todas las cosas. Pero aún así debíamos construir aprendizajes. En ese tiempo es donde elegimos las experiencias que necesitábamos vivir para evolucionar, es así como cada ser o cada alma eligió los padres que habrían de abrirles las puertas a la vida, y de allí en adelante cada acontecimiento del que esa persona habría de nutrirse.
Sosteniendo esta postura, es fácil imaginar que en realidad, existe una conexión previa con las personas con que debemos compartir experiencias, de cualquier tipo, en esta vida. Al hablar de conexión me refiero justamente a esa sensación que difícilmente podemos explicar cuando sentimos que ya conocemos a alguien que vemos por primera vez. Y es que posiblemente este tránsito por la vida signifique un reencuentro con seres con los que hemos estado antes de nacer, o incluso yendo aún mas lejos en vidas anteriores.
¿No te ha pasado a veces que te sorprendés cuando en la elaboración de un proyecto se dan de forma “casual” las posibilidades para que todo sea óptimo incluso mejor de lo que podrías haberlo planeado?
¿O por el contrario tenés todo fríamente calculado sin dejar afuera ningún detalle y en el momento de ejecutarlo, algo se vuelve en contra y la única explicación que encontrás es que “Dios no quiso”?
He escuchado reflexiones que manifiestan el disgusto ante la posible existencia de un destino en el que ya todo está previamente digitado, por la escasa participación que tendríamos en la vida, limitados a meros ejecutores de un plan ajeno.
Yo prefiero pensar que ese plan lo hicimos nosotros mismos en esa existencia espiritual en pos de un correcto aprendizaje y que cada vez que nos acercamos al plan original es cuando observamos con desconcierto como las “casualidades” superan nuestra capacidad de racionalizar.
De mas está decir que no creo que existan las casualidades, sino mas bien las causalidades
Esta teoría que por supuesto no inventé yo, puede parecer demasiado extravagante para el pensamiento occidental, sobre todo con la doctrina de la religión mayoritaria. Pero para quien decida ir mas allá de lo que es aceptado, este camino de búsqueda promete respuestas que si bien no pueden comprobarse empíricamente, al menos dan una sensación de calma al espíritu, ya que uno tiende a creer que éste trayecto es de aprendizaje con lo que podés tomar conciencia de la justa medida de las cosas, el valor de lo material, y los afectos. Pero sobre todo te brinda la posibilidad de aceptar lo que no podés cambiar, como resignarte a las pérdidas.
En este tema me quiero detener, porque es tan hondo el vacío que provoca la ausencia de un ser amado que ya no está.
Hablo de vacío porque tendemos a pensar que las personas que elegimos ocupan un lugar en la estructura de nuestra vida. Y al partir debemos continuar con una parte menos.
Al referirme a los que elegimos digo aquellos amigos, enemigos, socios, parejas y todos aquellos seres que de una u otra manera transitan con nosotros este trayecto, por mayor o menor tiempo pero que nos ayudan en nuestro aprendizaje. No solo los que consideramos el mejor ejemplo a seguir, sino también aquellos a quién nunca querríamos imitar nos aportan la lección, depende de nosotros, de la apertura de conciencia que tengamos como para darnos cuenta lo que tenemos que rescatar en cada ocasión.
Ahora bien, desde mi lugar, y con mis teorías (porque al creerlas las hago mías), siendo Seres de Energía, tenemos una existencia continua, solo sufrimos transformaciones. –(primera ley de la termodinámica: “la energía no se destruye, solo se transforma.”)- Entonces puedo suponer que no existe tal vacío, que en nuestra viseral forma de pensarnos, solo vemos la ausencia, es decir la no presencia física, por que resulta obvia a nuestros sentidos.
¿Pero energéticamente? Si consideramos, no solo los recuerdos, sino cómo la persona ausente ha influido, modificado, o forjado nuestro carácter o personalidad, podremos contemplar como su esencia permanece, aunque imperceptible ocupando ese lugar que consideramos vacío en la estructura de nuestra vida.
Escuché una vez a una señora que decía, que las decisiones importantes de su vida las había tomado pensando en qué le hubiese aconsejado su padre, que mientras vivió fue para ella su principal guía. Tan importante fue su impronta, y tan profundo el conocimiento del otro, que aún después de su muerte, ella podía intuir cual hubiera sido su respuesta.
Claro que, de carne somos, no voy a pretender que es fácil aceptar que la persona que amás no está para abrazarte, o reflejarte en su mirada, o alegrarte con el sonido de su risa. Solo que mas allá de la carne somos espíritu, somos energía. Y teniendo conciencia de ello podemos “sentir” como fluímos en armonía con los que amamos, como un todo continuo, como si nunca se fueran.
¿No te ha pasado que te adelantás a las respuestas que te van a dar por que de alguna manera preveés las reacciones como si en circunstancias previas lo hubieses experimentado?
Hay mucha bibliografía, desde novelas de ciencia ficción hasta investigaciones científicas en las que se tratan temas como la regresión a vidas pasadas en las que realizan acercamientos, mas o menos creíbles, a estos temas.
Pero siempre volvemos a la disyuntiva: creer o no creer.
Esta postura, la que yo he decido adoptar, al menos hasta que decida tomar la que demuestra lo contrario, dice que somos (los humanos) seres de energía encarnados, que tal como lo explican algunas religiones somos parte de un Ser Superior. Que en un tiempo previo al nacimiento tuvimos una existencia no matérica, es decir espiritual, en la cual poseíamos sabiduría de todas las cosas. Pero aún así debíamos construir aprendizajes. En ese tiempo es donde elegimos las experiencias que necesitábamos vivir para evolucionar, es así como cada ser o cada alma eligió los padres que habrían de abrirles las puertas a la vida, y de allí en adelante cada acontecimiento del que esa persona habría de nutrirse.
Sosteniendo esta postura, es fácil imaginar que en realidad, existe una conexión previa con las personas con que debemos compartir experiencias, de cualquier tipo, en esta vida. Al hablar de conexión me refiero justamente a esa sensación que difícilmente podemos explicar cuando sentimos que ya conocemos a alguien que vemos por primera vez. Y es que posiblemente este tránsito por la vida signifique un reencuentro con seres con los que hemos estado antes de nacer, o incluso yendo aún mas lejos en vidas anteriores.
¿No te ha pasado a veces que te sorprendés cuando en la elaboración de un proyecto se dan de forma “casual” las posibilidades para que todo sea óptimo incluso mejor de lo que podrías haberlo planeado?
¿O por el contrario tenés todo fríamente calculado sin dejar afuera ningún detalle y en el momento de ejecutarlo, algo se vuelve en contra y la única explicación que encontrás es que “Dios no quiso”?
He escuchado reflexiones que manifiestan el disgusto ante la posible existencia de un destino en el que ya todo está previamente digitado, por la escasa participación que tendríamos en la vida, limitados a meros ejecutores de un plan ajeno.
Yo prefiero pensar que ese plan lo hicimos nosotros mismos en esa existencia espiritual en pos de un correcto aprendizaje y que cada vez que nos acercamos al plan original es cuando observamos con desconcierto como las “casualidades” superan nuestra capacidad de racionalizar.
De mas está decir que no creo que existan las casualidades, sino mas bien las causalidades
Esta teoría que por supuesto no inventé yo, puede parecer demasiado extravagante para el pensamiento occidental, sobre todo con la doctrina de la religión mayoritaria. Pero para quien decida ir mas allá de lo que es aceptado, este camino de búsqueda promete respuestas que si bien no pueden comprobarse empíricamente, al menos dan una sensación de calma al espíritu, ya que uno tiende a creer que éste trayecto es de aprendizaje con lo que podés tomar conciencia de la justa medida de las cosas, el valor de lo material, y los afectos. Pero sobre todo te brinda la posibilidad de aceptar lo que no podés cambiar, como resignarte a las pérdidas.
En este tema me quiero detener, porque es tan hondo el vacío que provoca la ausencia de un ser amado que ya no está.
Hablo de vacío porque tendemos a pensar que las personas que elegimos ocupan un lugar en la estructura de nuestra vida. Y al partir debemos continuar con una parte menos.
Al referirme a los que elegimos digo aquellos amigos, enemigos, socios, parejas y todos aquellos seres que de una u otra manera transitan con nosotros este trayecto, por mayor o menor tiempo pero que nos ayudan en nuestro aprendizaje. No solo los que consideramos el mejor ejemplo a seguir, sino también aquellos a quién nunca querríamos imitar nos aportan la lección, depende de nosotros, de la apertura de conciencia que tengamos como para darnos cuenta lo que tenemos que rescatar en cada ocasión.
Ahora bien, desde mi lugar, y con mis teorías (porque al creerlas las hago mías), siendo Seres de Energía, tenemos una existencia continua, solo sufrimos transformaciones. –(primera ley de la termodinámica: “la energía no se destruye, solo se transforma.”)- Entonces puedo suponer que no existe tal vacío, que en nuestra viseral forma de pensarnos, solo vemos la ausencia, es decir la no presencia física, por que resulta obvia a nuestros sentidos.
¿Pero energéticamente? Si consideramos, no solo los recuerdos, sino cómo la persona ausente ha influido, modificado, o forjado nuestro carácter o personalidad, podremos contemplar como su esencia permanece, aunque imperceptible ocupando ese lugar que consideramos vacío en la estructura de nuestra vida.
Escuché una vez a una señora que decía, que las decisiones importantes de su vida las había tomado pensando en qué le hubiese aconsejado su padre, que mientras vivió fue para ella su principal guía. Tan importante fue su impronta, y tan profundo el conocimiento del otro, que aún después de su muerte, ella podía intuir cual hubiera sido su respuesta.
Claro que, de carne somos, no voy a pretender que es fácil aceptar que la persona que amás no está para abrazarte, o reflejarte en su mirada, o alegrarte con el sonido de su risa. Solo que mas allá de la carne somos espíritu, somos energía. Y teniendo conciencia de ello podemos “sentir” como fluímos en armonía con los que amamos, como un todo continuo, como si nunca se fueran.
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